Si quisiera podría aparecer, divina como es, en las revistas de couché -tiene cualidades para ello- como una de esas creadoras llenas de glamour… pero no quiere.

Si quisiera sería una influencer con decenas de millones de fans virtuales seguidores de su estilo… pero no quiere.

Si quisiera revolucionaría con su impulso creador la «escena» y la «cena» de las vanidades, de la moda y del arte, pero elige otras esencias.

Blanca Bertomeu / para enmadridrio.es

Confieso que me enamoran las personas así, hombres y mujeres que dotados de cualidades humanas, de ingenio y de talento deciden no utilizar los campos de juego de las alharacas y prefieren regalar su presencia real a su gente de siempre en el tú a tú de su barrio, de los espacios reales de la vida cotidiana en los que dice que se enriquece y se llena con la gente maravillosa que viene a su espacio.
Me enamoran las personas así, hombres y mujeres como ella que escuchan más que hablan, haciendo verdad la evidencia de que tenemos dos oídos y una boca para que escuchemos el doble de lo que hablamos y dos brazos para ayudar. Quizás por ello es por lo que su conversación es tan interesante, tan inteligente, tan acogedora, tan sencilla y empática, y tan inspiradora.


Ella es importante por sí misma y no porque el juego mediático del marketing lo diga.

Tiene “mil trofeos» de cariño y de admiración entregados por personas que la quieren por ser tan humana, tan de carne y hueso, y que la admiran porque además tiene un talento artístico y creador que te mueres.
Confieso que a mí desde hace tiempo me importa más la estrella (la persona) que alguna estela (el curriculum de plástico que exhiben algunos). Ella es real, auténtica, cercana y admirable, con lo mejor de Quijote, su «locura» y lo mejor de Sancho, su «sensatez».

Es la dueña de una “mercería”, (lo escribo entre comillas porque La cassa del árbol es mucho más que una tienda en donde puedes encontrar ovillos de lana y agujas de croché en un lugar bohemio, Brooklyn Madrid, en ese lado cada vez más gentrificado del río ).

La cassa del árbol es un trampolín que da impulso a muchas personas para restaurar y resistir su vida cotidiana.
La cassa del árbol es la «mesa camilla» donde se reúnen gentes amables para intercambiar sueños y labores como en el salón de una casa o «el cuarto de estar», donde se costuran las penas y se disfrutan en familia las alegrías.
La cassa del árbol es ella, que lo ha creado así, en una bella simbiosis de lo sencillo y a la vez del foco de cultura que proyecta sueños infinitos, de ella y de quienes habitan alguno de sus talleres, de quienes realizan alguna de sus compras de materiales o de quienes ilusionan o comparten algún proyecto.
La cassa del árbol es Susana Rodas una genial artista, original creadora que disfruta sencilla y cercana en su espacio, en su barrio, acogiendo a «su gente» y acogida por por la gente, porque ella, buena persona, es más grande que sus problemas.
¡Pero hay que comer!. Hay que hacer rentable tu tienda -le dicen a veces-. Y ella, que sabe bien de cuentas y finanzas, (fue jefa de riesgos en compañías auditoras), de esfuerzos y cifras, elige de nuevo el paso sencillo en una vida no impostada, más llana, igual o más cruda, igual o más divertida, pero de filosofía slow.
La cassa del árbol es la fidelidad de quienes conocen qué y a quién encontrar en esta «mercería». (Sé que durante la pandemia recibió muchos ofrecimientos de clientas queriendo hacerse cargo de sus recibos de luz o de lo que fuera, señal de aprecio y de que les importaba su posible pasarlo mal). Preocupadas por si su rincón podría resistir con las puertas cerradas y confinada.
«Esa preocupación por mí no tiene precio», me dijo. «Saber que estuvieron ahí por si acaso Y ver, que el día que por fin pudimos abrir, la cola de clientas llegaban hasta la boca del metro de Puerta del Ángel…»
Miles de mascarillas, cuando escaseaban, fueron confeccionadas y entregadas por ella y su gente en hospitales, instituciones de ayuda y personas que las pedían.
Y ahí la tienes, en su espacio tejiendo un mundo maravilloso para quienes se acercan a sus talleres, a sus consejos, a recibir propuestas de sus originalidades y también a proponer ideas.
Su cabeza no para nada más que cuando ella la ordena parar y centrarse en su familia, a la que adora. Ahora toca esto y ahora lo otro…mientras en su mente ordena con memoria de elefante cada estímulo vivido para impulsar motivos e inspiraciones que traerá a su cabeza cuando ella quiera, porque así lo decide y así lo manda.
Yo no sé lo que le enseñarán ya los cursos y másters que estudia, porque ha hecho ya de todos los colores. Quizás es que su mente inquieta le pide con sed de aprendizaje contrastar sus propias versiones.

Ella y sus profesoras han enseñado a muchas personas y muchas diseñadoras han iniciado sus caminos gracias a sus enseñanzas y a las estructuras creadas en La cassa del árbol. Diseño, patronaje, confección…

¡Esta chica mola!, que diría Enrique Bunbury con Héroes del Silencio.

La llaman para encargos fardones, que dan vida y alegran el mundo.

Mira todo lo que puedes aprender en este espacio…

La cassa del árbol
Calle Doña Urraca 26 / Madrid 28011 | Madrid Río
Tel: 910 16 24 04

Blanca Bertomeu /
enmadridrio.es

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