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«Desde la belleza de la técnica del piano clásico, nos adentramos en nuestro interior a través de melodías y texturas como mantras. Exploramos la transformación emocional a través de la consciencia y observamos los campos de repetición que, como olas, van horadando las distintas capas de nuestro ser, capas que se van disolviendo según iniciamos el viaje y nos sumergimos en la música».

Una muestra

Raúl comenzó con el piano a los siete años. Por entonces ya perdía poco a poco la visión y comenzaba a leer en braille. A los 20 años al terminar el conservatorio, se quedó ciego. Entonces decidió cambiar su modo de tocar, su forma de expresarse ante el piano. “Comencé a tocar a mi forma, con más libertad. Me dejé rodar por el piano y mi estilo se alejaba cada vez más de lo que había estudiado. Buscaba motivos estéticos y sentimentales que me liberaran de la tensión de la ceguera”. Y tras veinte años de investigación y experimentación ha creado un estilo propio, su música está profundamente ligada a la búsqueda incansable de nuevos horizontes musicales que se pueden sentir y vivir desde la dulzura.

Fuente:
Espacio Ronda