Alain Mailland desarrolló una técnica que le permitía hacer flores torneadas, una técnica que abría la puerta a nuevas esculturas: flores improbables, anémonas marinas mutantes, pulpos aéreos, sus piezas con nombres evocadores y a menudo traviesos sugieren las extrañas pero calmadas nupcias de fauna y flora, el mar y las plantas.

En su taller ubicado en el corazón del matorral gardois, Alain Mailland es uno de los que revela la belleza de los tesoros que el matorral oculta: el brezo, el arbousier, el cade, el pistacho, el micocoulier, entre muchos otros.

Es un carpintero convertido al torno. Alain explora y empuja sus límites para inventar nuevas formas. Fue uno de los primeros en Francia en tratar madera verde, para jugar mejor con el velo que la fibra fusionará al secarse.
Alain Mailland es un poeta que da forma a los sueños, una persona admirada mas allá de sus méritos como artista y tornero.
Su forma de ver la vida (discreto, observador, soñador, respetuoso, honesto) genera inspiraciones de las que surgen diseños oníricos y delicados que parecen estar vivos: vegetales, estelares, minerales, animales…
Cada una de sus piezas son pequeños partos cosmológicos en la imaginación de Alain y actos artísticos sobre la Tierra que nos acercan un canto de celebración para con la vida y las maravillas cotidianas, escondidas en mundos pequeños que tenemos a nuestro lado sin darnos cuenta.

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Fuente: Alain Mailland